Atención, la redacción de Ex – Mundo advierte: Este piriódico no es apto para su lectura durante la conducción de maquinaria pesada, vehículos por autovía, durante la ingestión de alimentos sólidos o en situaciones de peligro extremo. Con este aviso deseamos evitar más muertes, gracias por su atención.

jueves, 17 de abril de 2014

El misterio de los calcetines.

¿Dónde se esconden sus parejas?

“La explicación al misterio podría estar en el pasado”.

El ser humano a menudo se ha hecho todo tipo de preguntas, preguntas que han sido determinantes para la raza humana como “¿qué vamos a comer mañana?”, o “¿por qué la chica con la que estoy ligando tiene nuez?”. Preguntas, son ellas, junto al aporte evidente de una mejoría en la dieta de los seres humanos primitivos, las que han logrado nuestra evolución.
Y hay una pregunta que se eleva por encima de todas las demás preguntas que se ha hecho el ser humano a lo largo de su historia, una pregunta cuya respuesta es, tal vez, tan aterradora y monstruosa, que ni siquiera podríamos concebirla.
¿Qué pasa con los calcetines que nunca aparecen?
A veces, cuando pensamos que el mundo es un lugar sencillo y lógico, a la hora de prepararnos para afrontar los retos diarios, descubrimos que, por algún extraño motivo, nuestro par de calcetines sólo es un calcetín, un único calcetín que nos lanza desconsoladas miradas, preguntándose qué será de él ahora.
Pero hoy sabemos más cosas que nunca sobre lo que sucede antes de que abramos la puerta de la lavadora y descubramos que nos falta un calcetín, al menos, creemos saberlo gracias a los esfuerzos de un equipo de becarios a los que, gracias a las leyes españolas, no tenemos por qué pagarles por su trabajo.
Al parecer, podemos encontrar la explicación del misterio en el pasado, concretamente en 1896, cuando el explorador Robert Edwin Peary, en uno de sus largos paseos por Groenlandia, anotó en su diario: “Es extraño, pues hoy nos hemos encontrado con un agujero de color blanco que no dejaba de girar a toda velocidad, y del que salían calcetines sin parar. Por cierto, olía a Neutrex, o eso decían los esquimales inuit que venían con nosotros. He intentado coger una muestra, pero no he logrado encontrar ni un par, todos están desparejados”.
¿Podría estar la respuesta al misterio en los extraños agujeros de color blanco que huelen a detergente y escupen calcetines? Una vez más, confiamos en nuestros más fiables informadores.

“A veces se acercan por su naturaleza curiosa”.

Según la mayoría de los borrachos consultados, el fenómeno tiene su origen en los calcetines mismos, y en el proceso de centrifugado.
Los calcetines son criaturas curiosas por naturaleza, por lo que a menudo los encontramos allí donde no deberían estar, como debajo de la cama, debajo del armario, o el cajón de los calcetines. Les gusta explorar nuevos entornos y acomodarse en ellos, pero como son criaturas creadas para vivir en pareja, al final siempre vuelven con su consorte.
¿Y por qué dejan de volver?
El proceso de centrifugado es la clave, según le ha contado un señor bastante ebrio a uno de nuestros becarios. “Todo está en la potencia del giro, que lanza la ropa contra los lados, dejando un vacío en el centro, un vacío terrible y oscuro al que toda prenda teme acercarse, es la base del centrifugado mismo, el vórtice oscuro”.
Según parece, los calcetines, incitados a ello por su naturaleza curiosa, a veces toman la decisión de acercarse al vórtice oscuro generado durante el centrifugado, y entonces, sin más, son tragados por él.
¿Hacia dónde viajan?, tal vez viajen por el mismo tiempo y espacio, a lo mejor están en una dimensión secreta habitada por niños feos de ojos grandes y dedos cortos que no dejan de tararear cancioncillas tristes, o tal vez, y sólo tal vez, al otro lado de los vórtices oscuros sólo haya vórtices blancos, iguales al visto por Peary en Groenlandia.
Todavía es pronto para averiguar el destino de los calcetines que se aventuran al interior de los vórtices negros que se forman durante el proceso de centrifugado, pero sólo podemos aventurar algo:
Es un viaje sin regreso.
Desde la redacción confiamos en poder meter algún día a un becario en una lavadora para que explore el interior de los vórtices negros, pero de momento, sólo podemos especular.

Seguiremos informando.

viernes, 14 de marzo de 2014

Localizan un bocadillo de chorizo en un lejano planeta.

El descubrimiento podría reavivar la polémica sobre el tema de la vida fuera de nuestro planeta.

“No vemos algo así desde que Pedro Duque coló dos longanizas en la estación espacial”.

El ser humano, desde el principio de los tiempos, se ha hecho tres preguntas fundamentales, tres preguntas que han dirigido cada uno de los pasos de nuestra evolución:
—¿Nos bajamos del árbol y le enseñamos el culo a los monos del otro árbol?
—¿Estará más buena la carne si la ponemos en el fuego?
—Oye, ¿y si nos reproducimos?
Tres grandes preguntas que han significado la evolución de toda una especie, que ha pasado de ser un puñado de monos estúpidos acostumbrados a meterse un dedo en el culo y olerlo, a ser un poderoso imperio de seres estúpidos acostumbrados a meterse un dedo en el culo y hacérselo oler a los más débiles.
Pero no vamos a hablar de ninguna de las tres preguntas mencionadas anteriormente, todo lo contrario. Vamos a hablar de una pregunta que, según parece, está destinada a marcar un nuevo salto evolutivo en la especie humana:
—Oye, ¿vamos a meter las narices en otros planetas?
Y es que la noticia de hoy nos llevará directamente a un punto extraño y distante, fuera de nuestro sistema solar. El telescopio orbital Ruperciano, durante uno de sus reportes habituales a la Tierra, envió a la base de la Agencia Espacial Europea, sita en Minglanillas, con los sorprendentes resultados del más sorprendente descubrimiento que se ha hecho, hasta el momento, en toda la historia de la humanidad.
Para que el lector comprenda la situación, hablaremos de un empleado descuidado, encargado del control del telescopio orbital, y de su telenovela favorita, “La Hasendada”. En el capítulo de ayer de “La Hasendada”, María de Luisa descubrió que Julio Javier, su amor de toda la vida, a quién todos daban por muerto en un accidente equino, no estaba realmente muerto, sino que estaba herido y oculto en un sótano, en el que la criada Ana Cecilia y él retozaban felizmente cada cinco horas y media.
Fue este descubrimiento el que hizo que Paco, encargado del control del telescopio, golpease sin querer el teclado de mando, indicando al telescopio orbital Ruperciano unas nuevas coordenadas. “Lo había estado usando para obtener imágenes de playas nudistas, pero lo que recibí con el reporte diario fue mucho más llamativo”, nos explicó Paco, emocionado.
El telescopio apuntó todo recto dirección Betelgeuse, girando a la izquierda durante algunos años luz…, y allí estaba, un planeta bautizado como Rupercio, en honor al padre del telescopio.
La noticia de un exoplaneta no es tan sorprendente, ya sabemos todos que hay muchos planetas más allá de nuestro sistema solar. Lo realmente interesante está en que el telescopio orbital Ruperciano, que fue diseñado para detectar rastros de vida y aperitivos bajos en grasas, ha localizado en la superficie del planeta lo que parece ser, según los expertos, “un objeto con un alto porcentaje de harina y levadura, con lo que parece ser una materia orgánica alta en grasas”, que traducido literalmente viene a ser algo así como “un bocadillo de chorizo”.
“Es la primera vez que conseguimos detectar algo así fuera de nuestro planeta, desde que Pedro Duque coló en la estación espacial un par de longanizas”, nos cuentan desde la Agencia Espacial Europea.

“Es posible que encontremos bocadillos de chorizo en otros planetas”.

Como es de esperar, Rupercio es un planeta demasiado lejano como para poder obtener más datos sobre su superficie, aunque se sabe que posee, según un informe, “una atmósfera rica en elementos que podrían sustentar la vida, agua en estado líquido en 2/3 de su superficie, zonas de lo que parece ser una vegetación abundante, merenderos en zonas elevadas, y extensas granjas donde se crían cerdos de aspecto saludable”.
Es pronto todavía, según fuentes oficiales, para declarar que en Rupercio pueda haber vida. “Estamos preparando el telescopio para intentar localizar vida a nivel microscópico, que es lo que nos interesa, en cuanto al bocadillo de chorizo, sería maravilloso pensar que ha sido creado por una especie inteligente, pero es más probable que sólo sea un fenómeno provocado por la compresión atómica en zonas concentradas de la atmósfera. De ser así, podríamos encontrar bocadillos de chorizo en otros planetas”.
Ahora toda la atención se ha vuelto hacia Rupercio, el nuevo planeta que podría albergar vida. La sociedad se ha dividido en tres grupos.
—Grupo 1: El grupo que considera que un cerdo de 400 kilos no sirve como ejemplo de vida, si no se encuentran bacterias primero. “Hay que encontrar vida a pequeña escala, luego ya, si la encontramos, entonces curiosearemos sobre el tema de los cerdos que habitan las granjas”.
—Grupo 2: El grupo que considera que hay que poner todo de nuestra parte para descubrir de qué se trata. Miembros de Ex — Mundo ya se han puesto manos a la obra para enviar al espacio a algunos gordos para que “a fuerza de hambre, lleven el vehículo hasta el bocadillo de chorizo, y analizar in situ la viabilidad de la atmósfera, y el sabor del bocata”.
—Grupo 3: El grupo más extenso, un grupo al que lo que más le importa en estos momentos es formular una nueva pregunta: ¿Qué pasará en el próximo episodio de la telenovela “La Hasendada”?
Seguiremos informando.


lunes, 16 de diciembre de 2013

Striper inverso

Con pasos lentos y vacilantes subimos el primer tramo de escalera, preguntándonos qué es lo que nos espera en la quinta planta. Sabemos todo lo necesario sobre Luciano Repechaero, tenemos todos los datos sobre él y podríamos escribir el artículo sin necesidad de verlo, pero hay cosas que el mundo debe saber, hay cosas que la gente merece conocer de primera mano… y además nos ha invitado a café gratis, pero vamos, café de verdad, no el agua con colorante que le doy a los becarios.
Cuando llegamos al segundo tramo de escalera, tomamos un pequeño descanso, y continuamos.
En el tercer tramo de escalera los sherpas se burlan de nosotros, por lo que los mandamos a sus casas, mientras que cogemos el equipo (una bolsa de los chinos con una libreta y un boli) y alzamos la vista hacia la escalera.
El flato nos impide seguir, subimos al ascensor. Sabemos que es sano usar las escaleras, pero dios sabe que los pisos muy altos son enemigos naturales de los gordos.
Cuando llegamos al quinto piso, Luciano nos espera ante su casa, con la puerta abierta. Es tal y como dice en su anuncio: feo de cojones.
Y es que Luciano ha innovado de forma impresionante, ha hecho lo que muchos no son capaces de hacer, capeando la crisis de manera sorprendente. Luciano es stripper inverso.
—Pues sí, soy stripper inverso, llevo ya tres meses dedicándome a esto, y la verdad es que me está yendo bastante bien. He podido pagarme el coche y, en el próximo año, confío en poder liquidar la hipoteca de mi casa, y es que ser el único stripper inverso del mundo, hace que tenga mucho trabajo —nos explica.
Pero es un término extraño, pues la mayor parte de la gente desconoce su significado,  enarca las cejas, como si esperasen una explicación, pero sin pedirla.
Al tiempo que Luciano nos sirve el café (primero a mí, y luego a los becarios), tenemos ocasión de comprobar que el piso demuestra el estatus elevado de nuestro anfitrión. Luciano tiene muebles caros, smart tv con 3D y una PS4 nuevecita. No podemos evitar sentir envidia de él, y la idea de atarlo y sacarle a golpes la ubicación de todo su efectivo, me asalta con fuerza.
—¿Qué es eso de stripper inverso? —pregunto, sacudiendo la cabeza para alejar las imágenes del robo.
A modo de respuesta, Luciano nos sonríe.
—También yo era así hace unos meses, no sabía nada del mundo, no estaba a la última. Yo me dedicaba a la construcción, ¿sabe usted?, pero con la mierda esta de la crisis, me quedé en el paro. Mi mujer me dejó, se llevó con ella a los niños y mi recopilatorio de los Estopa, pasé por una época muy mala, estuve a punto de suicidarme, incluso llegué a saltar desde el balcón, pero por aquél entonces yo vivía en un bajo, así que lo único que murió fue mi orgullo, cuando los vecinos me vieron.
Fue un día duro para Luciano, según nos cuenta. Nos relata un poco cómo ha sido su vida, pero yo no consigo comprender lo que dice. Me limito a mirarlo fijamente y asentir de vez en cuando, contemplando con atención cómo se le mueve la papada cuando habla, es hipnótica.
Cuando deja de hablar salgo del trance, y paso a preguntarle por su empleo actual.
—Muy bien todo, pero lo que yo, y todos los lectores queremos saber, es qué es eso de stripper inverso.
—Pues verá, como le dije, cuando me quedé en el paro, pasé por una mala racha.
Su papada se mueve, las palabras pierden fuerza en mis oídos, por lo que aparto la mirada, sin dejar de instar a Luciano a que hable de lo que nos interesa, y deje de contarnos su vida.
—Pues mire, lo que yo hago es llegar a una fiesta completamente desnudo, pero así, sin nada, y al ritmo de la música me voy vistiendo despacio. Cuanta más ropa me pongo, más se calientan mis clientes. Por lo general son mujeres que buscan algo nuevo, pero alguna que otra vez me han llamado para una fiesta de hombres acomplejados que, al verme en pelotas, se sienten mucho mejor.
Imaginar al repugnante representante de la raza humana que tenemos delante sin nada de ropa, hace que uno de los becarios vomite el café sobre la mesilla. Luciano, como persona acostumbrada a la reacción, limpia el estropicio con gran habilidad.
—¿Y tiene negocio con eso? —le pregunto, sorprendido.
—Bueno que si tengo. ¿Ha visto usted el ferrari que hay aparcado en la calle, delante del edificio? —asiento, pensando en el impresionante deportivo que, con premeditación y envidia, rayé antes de entrar—. Pues es de mi vecino, el Paco, el cabrón tiene el dinero por cruz. El mío es el Audi que hay aparcado detrás, que es muy buen coche también. Pues me lo he comprado con los dineros que me he sacado de este trabajo, aparte de cuatro euros que me encontré el jueves, yendo a un garito.
Asiento, recordando el Audi azul que, con premeditación y envida, al igual que la mayor parte de los coches de la calle, he rayado con mis llaves momentos antes.
Si lo he entendido bien, a Luciano le pagan para que llegue desnudo a las fiestas y, lentamente, se vaya cubriendo. Deduzco el placer que debe sentir la gente cuando semejante criatura, que parece fugada de alguna película de mutantes con mucho pelo, empieza a vestirse.
—¿Y cómo se le ocurre a uno semejante idea? —pregunto, interesado en el oficio.
—Pues la verdad es que tiene su historia, estaba yo en el baño por la mañana, me saco la chorra para mear y, en ese momento en que la mente todavía está lejos, sin la carga de los pensamientos racionales, un pensamiento, un único retazo de lógica que mi mente consciente reprimía, llegó hasta mí: Por dios, qué cosa más asquerosa —me estremezco al escuchar las palabras de Luciano, evitando imaginar la escena. El becario dos (no les pongo nombres, así no me encariño con ellos) vomita también, manchando mi taza, pero no dejo de beber. Es gratis, no hay que desperdiciar lo que es gratis—. Después, me volví hacia el lavabo y pude ver mi reflejo en el espejo, y claro, el pensamiento fue de repulsión y asco absoluto. A medida que iba despertando, empecé a pensar en cómo aprovechar todo eso que tenía.
—¿Cómo decidió cobrar por vestirse? —le pregunto.
—Yo tengo mis aficiones, ¿sabe usted? Hay gente que hace puzles, gente que juega al ordenador, y luego estoy yo, que me gusta ponerme una gabardina, un sombrero, irme al parque a dar de comer a las palomas y, cuando pasa alguna moza de buen ver, levantarme, abrir la gabardina, y enseñarle a todo el mundo lo chula que es mi camiseta, pero esa mañana no me había vestido y claro, la mujer, al borde del soponcio, me dijo que me daba cien euros si me tapaba. Entre una cosa y la otra, pues me salió la idea, y aquí estoy. Me ofrezco para despedidas de soltera, de soltero, bodas, bautizos, fiestas de empresa, reuniones de suicidas… para todo en general.
Sorprendidos por todo lo escuchado, terminamos la crónica, y vemos cómo Luciano mira el reloj.
—Es que tengo un espectáculo en media hora, ¿sabe usted?
Dejamos el piso, esta vez bajamos directamente por el ascensor, descompuestos por lo que hemos visto y oído. El aire fresco nos saluda al llegar a la calle, recibiéndonos pálidos y temblorosos. Me quito las gafas para limpiar el vómito en el chaleco del becario número uno, cuando el otro murmura.
—Joder, qué cosa más asquerosa tiene que ser verle la chorra a ese tío.
Incapaces de controlarlo, los dos vomitan sobre el asfalto, pero yo no. Mi estómago se revuelve, pero me niego. Me he tomado un café gratis, y me he comido también dos pastas que no he pagado. Santa Rita Rita…
Seguiremos informando.


jueves, 24 de octubre de 2013

Agresión por opinión

“Hay dos dependientes que se llaman Manolo”.

El tufo de la noticia, después de todo el tiempo pasado lejos de las rotativas, trae de vuelta a ExMundo al mundo de los documentos virtuales que la gente mira un poco por encima, justo antes de poner en el buscador de Google “Tetas”.
Pero en esta ocasión el tufo de la noticia de un tufo intenso, desagradable y que ha conmocionado a la pequeña población de Villapaco de los Gandules.
“Todavía estamos todos consternados, no podemos creernos que haya gente con tan mala baba, como para hacer algo así”.
Y es que en la pequeña localidad hay un centro comercial de buen tamaño, con un Maxi Dia, un establecimiento de Zara, una tienda de pestañas postizas, y dos señores, que regentan una tienda de maquetas de diputados, y que los dos se llaman Manolo.
Ha sido en esta tienda en la que, sin motivo aparente, entró ayer Ambrosio el Guarro, como le apodan cariñosamente en el pueblo para que no note el asco que le tienen. Parecía dispuesto a pasar la tarde allí, imitando al resto de los compradores, restregando las narices por los escaparates para soñar con cosas que no podía comprar cuando, de pronto, se llevó la mano al bolsillo interno de su chaqueta.
“Yo, en cuanto vi que se llevaba la mano al bolsillo interior, lo único que se me ocurrió fue tirarme al suelo y suplicar piedad. Tengo una esposa y dos periquitos, tengo que volver a casa con vida” nos explica uno de los vigilantes de seguridad.
Nadie tiene muy claro si Ambrosio entró allí con malas intenciones, o sus intenciones eran buenas, pero le dio un “mal pronto” cuando vio que habían subido el IVA de las muñecas hinchables.
“Del modo que sea, lo que hizo es terrible” nos explica una dependienta, que por suerte, ha salido ya de la UCI, después de pasar horas metida en una bañera con lejía.
Ambrosio sacó del bolsillo interior de su chaqueta una bola de calcetines muy sudados, que utilizó, sin miramientos, contra todo lo que se le puso a tiro.
Golpes contra los escaparates, golpes contra los clientes, golpes contra las plantas que decoraban el centro…

“No estamos preparados para tratar heridas por impacto de calcetín sudado”.

“Gritaba contra el gobierno mientras nos pegaba con los calcetines sudados en la cara. Yo le iba a pedir que no lo hiciera, pero me explicó que se estaba expresando y, claro está, yo no voy a censurar a alguien que sólo está expresando su opinión, que luego me dicen facha por la calle y no, que se exprese el pobre hombre”.
Pues sí, señores. Con la premisa de que “estaba expresando su opinión sobre la situación actual del país y los ciudadanos”, nadie tuvo valor de detener a Ambrosio, ni siquiera cuando se cebó con un señor, golpeándolo con saña, hasta dejarlo para el arrastre. Por desgracia, el señor golpeado no puede hacer declaraciones porque falleció horas después, justo cuando llegaban, con una rapidez inesperada, dos ambulancias, junto a un caracol que pasaba por el lugar.
El terrible episodio de violencia gratuita ha preocupado a las autoridades. Los agentes están preocupados ante la escalada de “violencia por opinión” que parece haberse desatado en los alrededores. “Tenemos a cuatro agentes ingresados por impacto de calcetín sudado, uno de ellos en estado muy grave, pero si intentamos detenerlos, dicen que no los dejamos opinar y nos llaman fascistas y represivos”, nos explica un agente.
La peor parte nos llega desde los centros médicos, pues, según nos han explicado diferentes especialistas, “no estamos preparados, en ningún modo, para tratar dolencias por impacto de calcetín sudado, por lo que tenemos que dejar morir a algunas de las víctimas, para que se queden libres las habitaciones y poderlas alquilar a los turistas, que así, por lo menos, nos sacamos algún dinero para comprar tiritas”, según palabras del director del cercano Hospital Nuestra Señora de los Desamparados.
Desde la redacción, confiamos en que la violencia termine, que el caos no tome nuestras calles y la excusa de “es que es mi opinión” no se ponga de moda, porque parece que la sociedad no está preparada para encarar problemas de este tipo.
Recuerden, los calcetines sudados, a la lavadora, pero si están muy sudados, al fuego. Nunca use un calcetín sudado contra otro ser humano.
Seguiremos informando.



sábado, 7 de septiembre de 2013

Señor tira la toalla y se acomoda sobre glaciar.



Todavía no se sabe el motivo.

“El puñetero se tiraba hielo a las piernas”.

Cuando Ernesto Peralta se cansó, hace tres días, de la situación de España, salió de su casa dando un sonoro portazo. Los vecinos, especialmente una vecina curiosa, le preguntaron a qué lugar lo llevaban sus pasos furiosos, a lo que Ernesto no quiso responder.
Vecinos, amigos, familiares y un tortuguita que tiró por el retrete hace veinte años y que ha regresado para buscar venganza, lo han estado buscando hasta que hace unas horas unos empleados de una gasolinera lo encontraron sentado sobre un glaciar.
“Pues sí, la gasolinera financió una expedición para buscar hielo con el que rellenar el congelador, y claro, fuimos en busca de aventuras y, sobre todo, de hielo. Nos chocó mucho cuando llegamos encontrarnos allí a un señor bajito, bigotudo y barrigón que nos instaba a irnos a tomar por culo” nos narra uno de los empleados de la gasolinera.
Alarmados por la presencia del extraño hombrecillo, dieron la voz de alarma a la Guardia Civil para informarles de su hallazgo. “El ecosistema es muy sensible, e imaginamos que un tío medio en bolas sentado en medio de la nieve, no podía ser bueno”.
Miembros de la Guardia Civil y unpar de curiosos se acercaron para investigar el asunto, reconociendo a Ernesto como el extraño humano sentado sobre un glaciar. “El muy puñetero se estaba tirando hielo en las piernas”.
Según fuentes, Ernesto Peralta explicó, de forma muy amable, que se ha hartado de tanta pamplina y tanta tontería. Se ha despelotado y espera, sentado sobre el glaciar, a quedar congelado. “Quiero ser como Disney, pero cuando me despierte voy a tener menos dinero”.
La familia y varios amigos se han acercado al lugar en el que Ernesto espera quedar congelado por completo, explicándole que de todo se sale y que tal y que pum y que chin, pero Ernesto se niega a bajar de su glaciar.

“Si nos acercamos, el muy cerdo nos tira hielo”.

“Se tira hielo por encima y dice que ya empieza a notar que se le congelan las piernas, pero que por lo demás se siente bastante bien” nos explica uno de los familiares.
Por su parte, la gasolinera ha decidido utilizar a Ernesto como logo para sus bolsas de hielo, por lo que su imagen desnuda puede dar la vuelta al mundo “siempre y cuando algún camionero compre hielo y pasee la bolsa”.
Miembros de la Guardia Civil, de la Policia Nacional y del Bar Perico el Cojo se han personado en el lugar para intentar evitar que Ernesto muera congelado sobre un glaciar, sin embargo, la ley parece amparar a este señor. “No hay en las leyes nada que impida que un señor se congele a sí mismo sobre un glaciar”.
Los agentes no han podido desalojar a Ernesto de su glaciar porque “el tío cerdo nos tira hielo encima, y está muy frío”. Se está estudiando enviar a delegados de alguna entidad bancaria para desalojarlo de su posición porque “esos tíos están más preparados y entienden más de echar gente”.
¿Podría ser Ernesto el próximo hombre congelado que encontremos en un glaciar? ¿Despertará en un futuro lejano en el que los derivados del petróleo (combustibles, plásticos, Ana Obregón…) ya no tengan un lugar dominante en el planeta y todos usemos palitos de pescado para todo? ¿Es Ernesto un visionario y logrará ver el final de la crisis cuando la tecnología avance para descongelarlo, o tendrá que conformarse con que los efectivos de la Guardia Civil lo saquen a collejas del glaciar?
Muchas preguntas para un tema espinoso, pero desde la redacción confiamos en que Ernesto cumpla su objetivo… sea el que sea.
Seguiremos informando.

miércoles, 17 de abril de 2013

Crónica de un viaje anunciado.


Lectores, lectoras, artrópodos todos: La redacción se ha mudado, Ex – Mundo, esta pequeña y maravillosa criatura que todos hemos cuidado a lo largo de los últimos años, ha cambiado. Ahora Ex – Mundo está en Alemania o, como lo llamamos los españoles que hemos venido aquí: “Alemania”.
Antes de continuar con este artículo debo decir que este viaje no había sido posible sin la no colaboración del gobierno de España, sin ese desprecio de los organismos públicos, sin el desdén de los empresarios y sobre todo no habría sido posible sin la total falta de apoyo de todo el conjunto hacia los jóvenes que buscan empleo, a veces mal llamado “deseo de aventura”.
Me he lanzado a la aventura, no por placer, por mucho que el equipo de gobierno de Rajoy crea que he cogido el coche, los bártulos, mi pareja y me he hecho 1400 kilómetros por el simple placer de dar un paseo.
Esta no es una noticia como las que solemos leer en este medio, es totalmente verídica y sobre todo, no es una noticia.
Es una crónica, la crónica de un viaje anunciado:
España es un país muy bonito, y aunque nací en lo que viene siendo el sur, dejé mi Andalucía natal para ir a vivir con mi pareja a tierras catalanas. Eso fue hace casi dos años, era joven y tenía pelo e ilusiones. Ahora estoy más curtido en estos caminos de la vida, por lo que la elevada tasa de desempleo me ha llevado a buscarme las habichuelas en tierras germanas.
Las películas nos han enseñado que los inmigrantes tienen que llegar en barco, abrigados con chaquetas y pantalones oscuros, de paño de mala calidad, con guantes sin dedos, gorrita oscura y un baúl cargado de ilusiones y una muda limpia.
Dejar España es difícil, hay mucha distancia y peajes, lo que hace difícil salir del país por tierra, imagino que por eso nuestros políticos aprovechan, porque no podemos escapar.
La salida estaba prevista para las 5:30, así que, como es de esperar, salimos a eso de las 7:00.
Ahí empieza la epopeya.
No puedo hablar del viaje sin hablar de las carreteras de Cataluña, que otra cosa no sé, pero peajes hay para reventar. Tomamos la salida equivocada y nos vimos obligados a circular por carretera nacional varios kilómetros, que oye, a primera hora la nacional tiene camiones para aburrir, y no se avanza.
Ya me conozco las carreteras después de cruzar España en coche varias veces, por lo que no hubo nada inesperado en esta parte del viaje, así que hicimos un alto en el norte de Cataluña para ir al baño y tomar algo para despertarnos, llevábamos ya casi dos horas de viaje, y sólo era el inicio.
Llegamos a la salida del peaje antes de salir de España, y como en lugar del símbolo habitual aparecía otro para colocarse en la vía de pago manual, nos liamos y metí el coche en otro sitio (algo típico al parecer, porque un señor nos señalaba hacia atrás a nosotros y a los cinco o seis coches que nos imitaron durante el tiempo que tardamos en pasar).
Y entramos en Francia. Sobre Francia sólo puedo decir unas pocas cosas.
Es un país, como algunos ya sabrán, y abundan los franceses, como es habitual en Francia. Nada más entrar al país nos topamos con un peaje, así que paramos, cogimos el ticket y seguimos nuestro camino hasta que un servidor decidió parar después de casi 3 horas desde la última parada, y de pronto, sentado en el coche, sintió la llamada de la naturaleza.
Abundan en este peaje las paradas, unos pocos aparcamientos, un mapa y unos servicios a los que entré.
Una maravilla, con un cierre en las puertas, las tazas limpias, un agujero futurista en la pared en el que metías las manos para recibir en las manos gel, agua y un chorro de aire, y lo mejor de todo, el hilo musical.
Puedes cagar a gusto, da igual si eres de los que se tiran pedos, o de esos que tienen que apretar mucho y no pueden evitar gritar como locos, o tienes un mal día y se te parte el culo allí, porque gracias al hilo musical nadie va a escuchar cómo agonizas. Una maravilla futurista.
Fue duro dejar los servicios después de usarlos, pero con los intestinos vacíos, con una sonrisa en el rostro y las manos aún húmedas por el chorro de aire, volvimos a viajar dirección Lyon.
El peaje acabó y volvió a empezar, y el precio me pareció justo, todo muy bonito.
Los problemas empezaron en Lyon, cuando la carretera empezó a hacer cosas raras terminado el peaje, con obras, mal señalizada y muchos coches con franceses que son como los españoles pero conducen peor.
Me costó un huevo, mucho sudor y mentar a algún progenitor francés cuando alguno de esos conductores de feria hacía una burrada, como intentar empujarme porque eso de ir detrás de mí no mola y adelantar por la izquierda parece ser cosa de lerdos.
Tomamos dirección París, y empezaron de nuevo los peajes… con otra empresa. Yo ya tenía los intestinos bastante aligerados, pero Silvia quería hacer pis y en uno de los peajes detuve el vehículo para consultar el mapa y que ella fuese al baño.
“¿Puedes venir un momento?”, esa fue la pregunta que me arrancó de mis pensamientos y cualquier idea de mirar el mapa, porque salí del coche y acompañé a Silvia a lo que parecían ser los servicios. ¿Lo eran?
Los servicios de las áreas de descanso de esa segunda empresa me hicieron pensar en letrinas de guerra, de hecho, creo que habría causado un efecto más agradable encontrar una pala y un letrero que dijera “Cave su propia letrina, no olvide cubrir todo con tierra, gracias”.
Un agujero, similar al de una ducha, en medio de una plataforma blanca que hacía pensar en un agujero en medio de una plataforma blanca. Desde luego, todo cubierto con orina y lo que no es orina, que Silvia estuvo a punto de vomitar de asco.
Más desagradable que eso, fue pagar el peaje, una empresa que cobraba hasta el último momento, porque tuve que pasar por caja dos veces poco antes de cruzar la frontera con Alemania.
Dejamos la autopista dirección París con sus franceses conduciendo con el culo para tomar dirección Mulhouse, decididos a cruzar la frontera. El paisaje cambión, pasando a verdes campos y bosques cerrados que le daban a uno ganas de llevar un cadáver en el maletero para enterrarlo al amparo de la noche.
Muy agradable todo.
Tras algunos problemas con los peajes y las sabladas de los mismos, cruzamos a Alemania en medio de la noche, sin darnos cuenta. Decidimos parar a descansar y hablar con la familia para calmarlos a todos un poco.
No había red móvil, así que ahora tengo un teléfono muy bonito que sólo sirve de adorno. Nos costó un huevo conseguir llamar a España, pero logramos hablar con familiares preocupados por la hora y la falta de noticias… esas madres que después de criarte, si no las llamas, piensan “Seguro que se ha matao, como si lo viera”.
Más tranquilos después de hablar con la familia, fuimos a comer una hamburguesa al bar de la gasolinera ante la que habíamos parado. Ya estábamos en Alemania, por lo que los empleados tenían el alemán como idioma predefinido y no se podía cambiar. Nos costó un huevo entender al señor, porque tras casi 15 horas de carretera, uno no entiende ni su propio idioma.
Una chica del este nos ayudó, hablaba español y nos tradujo amablemente el alemán rápido del empleado, así que comimos unas hamburguesas cojonudas.
Era tarde, y estábamos agotados, así que decidimos hacer noche allí, a pocos kilómetros de Freiburg. Descubrimos entonces que ir al baño en Alemania cuesta 70 céntimos, y que soy un tacaño con una vejiga enorme.
Dormimos a ratos en el coche, despertando con cada ruido o coche que pasaba a nuestro lado, hasta que a las 5:00 de la mañana, después de un rato de no poder dormir, empezamos a coger otra vez el sueño. Cuando estábamos mejor, me despertó un movimiento a un lateral del vehículo, y descubrí un chorro de luz a mi izquierda.
Polizei, eso ponía en el coche que había a un lado, y en la ropa de los dos agentes, un hombre y una mujer, visiblemente alemanes, que me pedían abrir la ventanilla. Obedecí, y reparé en que estábamos en el coche, que se había empañado porque llevábamos horas dentro para conservar el calor, y cubiertos con una manta.
Por la sonrisa indulgente que la agente, supuse lo que se habían esperado al ver los cristales empañados, pero el agente me dijo algo en alemán y luego me preguntó si hablaba inglés. Yo, adormilado, dije “spanish” y el agente, que estaba por defecto en alemán, cambió el idioma al español.
Revisó nuestros documentos, los papeles del coche y luego quiso saber el motivo de nuestra estancia allí y nuestro destino. Pareció conforme cuando le indicamos todo, y entendió que sólo éramos un par de viajeros agotados, así que nos saludaron y subieron a su coche para… detenerse ante el siguiente vehículo estacionado para repetir la operación.
Como nos habían desvelado, seguimos adelante por las autopistas alemanas hacia Karlsruhe, hasta que paré a repostar. Descansado y alegre por estar cerca de mi destino, no me costó mucho, por no decir nada, hablar en alemán con el empleado de la gasolinera, y después de pagar seguí camino dirección Heilbronn evitando por los pelos a un camión que decidió hacer una maniobra brusca y sin avisar.
Salimos de la carretera y por fin llegamos a Sinsheim, localidad en la que teníamos que llamar a los familiares para que nos recogiesen y guiasen a casa.
Pero los móviles seguían sin funcionar.
Tras comprobar que en Alemania no se estila el poner cabinas telefónicas, y después de estacionar el coche y apañarme para entender cómo sacar el ticket del aparcamiento, llegaba lo difícil, encontrar el modo de contactar con mi familia o llegar a Eschelbach por nuestra cuenta.
“Sprechen Sie Spanisch?” Fue la pregunta que lancé a un señor que, para mi sorpresa, asintió. Le expliqué el problema y le pregunté dónde podíamos encontrar una cabina de teléfono, ante lo que respondió ofreciéndome su teléfono móvil y diciéndome “use mi teléfono, no hay cabinas”. Tras explicarle que tenía que llamar a España, el señor sólo respondió aclarándome que tenía que añadir el prefijo 0034 al número.
Logré contactar con familia pero seguía sin tener el número del tío al que venía a buscar, y tras hablar con un par de alemanes entendí que tenía que bajar por la calle, girar a la izquierda en el semáforo, luego a la derecha y seguir todo recto para llegar a Eschelbach, y allí ya encontraría el modo de dar con mi tío.
Hice lo que entendí que tenía que hacer, y detuve el coche en lo que parecía ser un polígono industrial, delante mismo de un concesionario Seat. Seguro de mi error, deshice el camino y me encontré con una tienda de Vodafone.
Compramos un teléfono alemán, llamamos a España y logramos la información necesaria, por fin, para contactar con mi tío.
Nos dijo que esperásemos ante un concesionario de Seat, y apareció por allí para guiarme. No había entendido mal las indicaciones en alemán, sino que para llegar al pueblo había que seguir recto… atravesando el polígono industrial todo recto a partir de la Seat, allí donde desistí al principio.
Ahora estoy en casa, mareado por el cambio de altitud, imagino, con las maletas deshechas y comprobando las cosas que he vivido y otras que he dejado en el tintero. Ahora toca encontrar trabajo, pero sobre todo toca adaptarse.
Estoy contento porque me han dicho que no tengo acento cuando hablo en alemán, así que me toca aprenderlo.
Lo peor del viaje es que tengo un calcetín delante de mí, desparejado y asustado, que parece preguntarme “¿se sabe algo de mi compañero?”.
Con la nueva redacción, ahora toca adaptarse, pero con un poco de suerte, las cosas irán mejor.
Seguiremos informando.

miércoles, 3 de abril de 2013

Un yogurt pierde los estribos al saber que ya no tendrá fecha de caducidad.


Le pasaría a cualquiera.

“Hemos sacado dos yogures de la sección de limpieza”.

Como todos sabemos ya, el gobierno ha decidido que los yogures ya no tendrán fecha de caducidad sino una fecha de “consumo preferente”, que viene a ser lo mismo pero impone menos respeto.
“Se ha muerto porque se ha comido 20 yogures caducados”, pues mira, uno piensa “oye, pues tiene sentido”. Pero ahora lees “se murió por comerse 20 yogures después de pasada la fecha de consumo preferente” y piensas “menuda mariconada, si es que la gente ya no aguanta nada”.
La cuestión no está en cómo nos afectará esto a los consumidores, porque, siendo realistas, con la crisis ya no tenemos ni para yogures, así que nos la trae un poco floja porque la comida de los contenedores, aunque caducada, tiene bacterias que matan a las bacterias malas. Sí, somos afortunados.
Pero este clima de dudas y miedos hace que la tragedia esté en el aire, y que se masque, a falta de otra cosa con más sustancia que mascar (de nuevo por el tema de la crisis). Ha sucedido en Carrefur de Amposta cuando, en la sección de congelados, apareció un yogurt.
¿En la sección de congelados?, pues sí, en esa sección, y no es que me haya vuelto loco, ni tampoco que los empleados de Carrefur hayan decidido que sea el mejor sitio para el yogurt, no.
“Ha sido una protesta” nos explica uno de los empleados. “Una protesta muda, hemos sacado otros dos yogures de la sección de limpieza y a un niño pequeño de un congelador, pero al ver que no aparecía la madre lo hemos vuelto a meter para que se mantenga fresco. También había una barra de pan en la sección de mascotas, pero eso no viene al caso”.
Sí, queridos lectores, nuestros alimentos empiezan a sublevarse lentamente pero de manera clara y desafiante.
“Estaba en medio del pasillo, de pie, mirándome con la fecha de caducidad raspada de su tapa, con todos sus bífidus rezumando odio. He pasado un mal rato, incluso ha desaparecido mi hijo, y sé que lo han secuestrado ellos, los yogures. Ahora tengo mucho miedo” nos relata una clienta que salía corriendo del establecimiento.

“Los de bífidus son los peores”.

El yogurt rebelde ha provocado que la policía acudiera al establecimiento, varios agentes de la policía local, mossos, un agente de la Guardia Civil y aficionados al Call of Duty que trataron de evitar que la cosa llegara a mayores.
“Es lo más terrible que he visto en mi vida” nos cuenta uno de los agentes, “el gobierno ha querido taparlo todo, nos pidieron que le pusiéramos al yogurt una chapela y dijéramos que era cosa de ETA, pero no nos atrevíamos a acercarnos, podíamos ver en su aspecto embrutecido por gotas de humedad que no iba a tolerar nuestro contacto”.
Finalmente los agentes redujeron al yogurt inconformista, a costa de heridas y mordiscos, uno de los agentes perdió la pierna en el intento “pero no nos preocupamos, seguro que aparece cuando no la esté buscando”.
Las autoridades se llevaron el yogurt para que se calmara en una celda y tomarle declaración. Ahora nadie sabe qué era lo que buscaba el yogurt, pero los empleados de la tienda están preocupados.
“Cuando pasamos por la sección de lácteos, tenemos la sensación de que nos siguen con la mirada. Los de bífidus son los peores, porque les hierven las bacterias y, si te comes uno, hacen que te cagues encima, literalmente”.
Se esperan nuevas protestas por la medida en centros de todo el mundo, pero el clima de tensa tranquilidad parece indicar que las cosas están controladas por el momento.
“A mí esto de los yogures manifestándose no me parece mal, yo he venido a comprar carne y me he encontrado un niño en un congelador, y claro, me lo llevo para esta noche que tengo cena familiar. No tiene fecha de caducidad, pero parece un poco mustio, la cajera me ha dicho que es fresco, pero no la creo” nos explica otro cliente.
Desde la redacción, les recordamos que no compren nunca yogures cuya fecha de consumo preferente haya pasado, en especial esos que ya hayan desarrollado la capacidad de moverse por sí mismos, que tengan una sustancia verdosa-negruzca saliendo de ellos o que le sigan por el pasillo en busca de un hogar.
Si come uno de esos yogures, podría ser usted quien abriese la próxima noticia de Ex – Mundo, no sería la primera vez que los yogures causan una muerte.
Seguiremos informando.