Es curioso cómo es la vida en la Tierra, los seres humanos han aprendido a vivir en armonía firmando extraños documentos que, sólo tienen validez, si aquél que ha redactado el documento así lo quiere. Seguro que muchos de vosotros no estáis muy seguros de lo que estoy hablando, pero os hablo de empresas como Vodafone, con quienes, no sólo estoy descontento, sino furioso.
Cuando firmas un contrato con una empresa de este tipo, viene envuelto en una bonita cajita roja con un lazo amarillo, todo son sonrisas y alegría, matasuegras y confeti, como ya dije en otra noticia. ¿La verdad? Ese contrato sólo tiene una finalidad cuando es con una empresa de esta calaña, amarrarte a ellos el mayor tiempo posible sin que tú entiendas el motivo. Te dan un móvil que, de ordinario, sólo sirve para tirarlo a la basura (reciclemos, señores, que la mierda contamina) o para… bueno, para tirarlo y poco más.
Uno de los grandes inventos de estos señores, que se dedican a hacer fortuna de la estupidez de los demás, es la permanencia, el mayor invento de los charlatanes desde la circonita cúbica y las pociones de sanación total del doctor Parsons & son, esas que huelen a meados de caballo.
La permanencia es, para quienes no lo sepan, una cláusula de los contratos de telefonía o internet, normalmente te ata a la empresa durante un periodo de tiempo (en mi caso, 18 meses casado con unos chorizos) en el que, literalmente, tus pelotas les pertenecen. Muchos dicen “bueno, pero mientras cumplan los términos del contrato, no pasa nada malo”. Error, señores, porque como he dicho en su momento, el contrato está diseñado para el cliente, así que, mientras tú estás obligado a estar con ellos y apoquinar la dolorosa mensual, ellos no están tan obligados a darte el servicio contratado.
Es por eso que Ex – Mundo está tan inactivo estos días, porque Vodafone, según palabras literales de una de las agentes de atención al cliente: “se reserva el derecho a dejarte sin conexión para servir a otros clientes”. No sirve de nada que firmes un contrato sin límite de descarga, porque cada agente con el que hables te dirá una cosa distinta, manteniendo que todos los contratos tienen un límite de descarga del que no se habla en el contrato “por eso de no cansar la vista con tanta letra pequeña” y a partir del cual, la velocidad se baja hasta límites insospechados.
Ahora mismo, estoy usando mi conexión del contrato, la misma que, según ellos, en cuatro días sin casi conectarse a internet ha superado el límite (una agente dice que mi límite son 4 GB, otro que 15 y otro, que se trata de 20 GB) pese a que mi contrato, no dice nada de ese límite de descarga.
No sirve de nada discutir con los agentes, están amaestrados para ignorar las quejas de los clientes, son la élite de los suecos, ignoran cualquier cosa sin importarles lo que cueste. Curiosamente, pese a todas las leyes chorras, no parece que haya ninguna que inste a estos carroñeros a cumplir con su parte del trabajo, y es que, ya se sabe, que en nuestro país se premia a los que tienen más poder.
Así que, gracias a los amigos de la compañía Vodafone, con quienes tengo un par de contratos (que, no sólo no pienso renovar, sino que, de encontrar una compañía que se haga cargo de la multa, los dejaría hoy mismo), llevo todo el mes aguantando las ganas de mantener la amistad de buenos amigos, sin poder entrar a un juego (en que ya no me queda nada gracias a casi un mes de desconexión) y, lo que más me jode, viendo las noticias y no poder hacer crónicas.
Pero bueno, la culpa es mía, por confiar en proveedores de internet en España, el país en el que internet es más lento y más caro de Europa, no en vano, un conocido alemán pagaba por una conexión de 6 Mb lo mismo que por una de 50 MB en su país.
En fin, al pueblo, que le den, como siempre.