Atención, la redacción de Ex – Mundo advierte: Este piriódico no es apto para su lectura durante la conducción de maquinaria pesada, vehículos por autovía, durante la ingestión de alimentos sólidos o en situaciones de peligro extremo. Con este aviso deseamos evitar más muertes, gracias por su atención.
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domingo, 22 de mayo de 2011

Epic Fail.

“No, a ver, es que no era en este 2011, sino el que viene”

El pasado 26 de febrero, este medio, o entero, como prefiráis llamar a Ex – Mundo, anunció a bombo y platillo el fin del mundo para los cristianos. Esta mañana en la redacción lo pasamos teta, llamamos a unas strippers, a unas fulanas y, como somos gente curiosa que nos gusta probar de todo, también un señor bigotudo de expresión juguetona.
Hemos pasado el día aprovisionándonos para cuando el mundo llegase a su final, un idílico final pronunciado en la biblia y todo, que implica una muchedumbre zombie que acabará con los cristianos malos, llevará con dios a los cristianos buenos y se irán de copa con los agnósticos.
Hicimos cosas que no queremos comentar por aquí, pero sé que disparé contra alguien, aunque no pasa nada porque era un becario. ¿Sabéis la cara que se le queda a una persona cuando está esperando que acabe el mundo, desnudo encima de una fuente delante de los agentes de la ley, y no se acaba el mundo? La policía de Bornos ya lo sabe, y se queda cara de conejo cuando le dan las largas en la carretera.
“No, a ver, nosotros dijimos que se acababa el mundo, pero es que no era en este 2011, sino en otro”, explica el párroco local con la biblia en la mano. Al final, de tanto anunciar que se acaba el mundo, acertarán.
Ni uno sólo, un triste zombie nos habría servido para ser felices, habríamos colgado fotos mientras devoraba cristianos pero al final, nada de nada. Cuando al final pensamos que sí, que habían vuelto los muertos de sus tumbas, resultó ser un borracho.
“Eso es que Dios está de buenas, hombre, para darle fe a la gente”, nos cuenta un cristiano local.

 “Dios no ha terminado con el mundo, pero algo trama”

Los kits de armamento no han servido de nada pues en todo el día sólo se han visto borrachos sucios y algún niñato cani.
Hacia las 6 de la tarde, cuando parecía que todo iba a terminar bien, sucedió lo que en la redacción temíamos. “Yo estaba seguro de que eran enanos con frac, pero no”.
Pingüinos han tomado posiciones estratégicas en calles de Bornos, dispuestos a encararse con cualquiera que se les arrime. A pesar de nuestros avisos, la gente se sigue fiando de estos peligrosos enemigos mientras buscan en el cielo una señal de que el mundo se acaba.
“Bueno, no nos pongamos nerviosos, que si Dios ha terminado con el mundo, es porque algo trama. ¿No veis que está mu callado?”
Por suerte, en todo el día sólo hemos tenido un caso de persona comiendo personas, y fue cuando, grupos organizados de exaltados pingüinos han tirado un camión de dulces, varios gordos locales se han lanzado contra el camión, el conductor ha perdido la mano hasta el codo porque intentó apartarlos.
De todas formas, no hay que confiarse, que no hayan acertado con el fin del mundo esta vez, no implica que no acierten la siguiente. Ahora mismo todos los profesionales del tema (si se puede ser profesional en algo en lo que no se ha acertado en la vida) barajan la posibilidad de que la fecha esté mal, y han vuelto a decir que será coincidiendo con el final del calendario Maya.
No hay que asustarse, porque se sabe que los mayas lo hicieron queriendo y se escondieron, cuando acabe el calendario estaremos todos acojonaos, saldrán de su escondite y dirán: “¡¡Inocentes!”
Un día más, seguimos informando.



domingo, 3 de abril de 2011

Caso médico: Le extirparán un señor que le está creciendo en el cogote.

“Al principio pensé que era un grano”

Anselmo, propietario de “La gorrina feliz”, asador de baja fama en la provincia de Cádiz, ha logrado en los juzgados que, tras dos meses de demandas y disputas, se apruebe la obligación de la seguridad social para la operación que necesitaba. “Nos pedían un dineral porque eso no lo cubría la Seguridad Social debido a los recortes de Zapatero, pero mi cuñado, que fue concejal de urbanismo en Arcos, me mandó a su abogado para arreglar el problema”.
Hace ya año y medio desde que Anselmo, natural de Jédula, sintiese durante su turno de trabajo unas molestas picaduras en su cogote. “Al principio pensé que era un grano, y como soy autónomo, no me podía perder porque sí la jornada para ir al médico”, nos explica ante la puerta de los juzgados con evidente alegría en su voz, “A la semana empecé a notar severas molestias y calambres en la misma zona, y ante el enrojecimiento, mi mujer me pidió que fuese a firmar un seguro de vida. Allí, me pidieron que fuese al médico”.
Su doctor de cabecera le dijo que no era nada, cosa normal entre doctores de cabecera, pero tras otra semana y media de fuertes dolores y la firma de un seguro de vida, volvía a la consulta para quejarse porque notaba un bultito en el cogote.
“Esta gente es muy tiquismiquis, y por un bulto anormal de nada ya se piensan que tienen que jodernos la hora del café. Leches, que me hice médico para no tener que trabajar”, asegura el doctor que atendió a Anselmo durante los primeros meses, “le receté reposo y unas pastillas para que no diese mucho por culo”.
Tres meses después de la primera visita a la consulta, el susodicho regresaba aterrorizado porque su esposa había descubierto marcas de enrojecimiento y cortes en su cogote hasta unos días atrás, y poco a poco había empezado a surgir una calva del bulto. “Aquella tarde yo tenía partido de pádel con unos amigos y, para no alargarme el día le dije que era normal, que ya pasaría” narra el doctor.
Con el paso de los días, la calva que surgía del cogote de Anselmo empezó a crecer del mismo modo que una calaba temprana. “Yo lo pasaba mal en el asador, los clientes me decían que me estaba saliendo la calva y que me pasaba como a los chicos cuando les salen los dientes mal, que tendría que ir a que me pusieran un aparato corrector de calva”.
Uno de esos clientes fue quien reparó en la calva y habló con él para saber lo que le pasaba, resultó ser un eminente antropólogo que le explicó, con gran claridad, que realmente era una calva lo que le salía del cogote “me dijo que a los calvos se les caía el pelo, no que creciese una nueva cabeza para sustituir a la que tiene el pelo”.


“Le dimos cita para dos meses después, aunque esperábamos que ya se hubiese muerto”.

Sin estar demasiado seguro por las palabras de su cliente, Anselmo decidió esperar hasta que una noche lo despertaron unas sonoras quejas. “Había crecido más, era media calva y el rostro de un señor bigotudo”, explicó con tristeza.
Su médico de cabecera lo remitió de nuevo al hospital, donde le dijeron que tendría cita con un doctor en dos meses. “Le dimos la cita dos meses después sin saber qué podrían hacerle, de todas formas esperábamos que para entonces hubiese muerto, ahorrando el gasto de dinero público”.
Pero los dos meses pasaron, y Anselmo apareció por el hospital con un torso completo asomando de su cogote. “Se trataba de un señor bajito con bigote, que catalogamos como un clase de crecimiento anormal, pero no podíamos permitirnos operar, y le dijimos lo que cobrábamos por una operación así”.
“El precio hizo que mi mujer quisiera matarme, así que decidimos convivir con el crecimiento anormal de mi cogote. No queríamos ponerle nombre para no encariñarnos, pero mi hija le empezó a llamar Gustavo y se le ha quedado. Al principio era muy callado, pero poco a poco se convirtió en una molestia, porque se burlaba de los clientes y les lanzaba cubiertos y trozos de tortilla de patatas que no sabemos dónde escondía. Fue entonces cuando el abogado de mi cuñado empezó a mover hilos insistiendo que mi operación era necesaria, ya que mi vida se veía demasiado lastrada con un señor grosero saliendo de mi cogote, a pesar de que intentaba taparlo con un sombrero, cuando llegó a salir hasta la cadera lo levantaba y gritaba a las ancianas”.
Por fortuna para Anselmo, en una semana deberá ingresar para que le extirpen a Gustavo, quien actualmente asoma casi por entero del cogote. “Según el doctor, Gustavo me ha salido porque no me secaba bien el cogote después de ducharme. Ahora le tengo cariño aunque sea un poco grosero, cuando esto acabe pediremos permiso para quedarnos con él y ponerlo a trabajar en el asador”.
Un final feliz para esta familia que, aunque no verá dinero por el seguro de vida de Anselmo, ganará un calvo y bigotudo miembro si todo sale bien.
Seguiremos informando.