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viernes, 27 de enero de 2012

Se acabó el problema del trabajo.

Todos voluntarios.

"Es que el dinero no sale de los árboles".

Hay una pregunta que me ronda la cabeza, si nosotros, los españoles, pagamos los impuestos que pagamos día tras día, y se nos advierte de lo que puede pasarnos si no lo hacemos, ¿por qué coño ese dinero no se usa para lo que se lo damos?
Porque malgastan el dinero regalándolo a la banca, como si fuese suyo, y a los españoles que les den. Sobre todo, podemos ver este ejemplo con el comentario de Ana Botella, que propone “que los servicios públicos los mantengan los voluntarios, total, ya nos hemos asegurado de que haya mucha gente por ahí sin nada mejor que hacer que hacer cola a ver si hay algún trabajo mal pagado y peor visto que hacer”.
Y es que el chiste, que no está por parte alguna, es la simple idea de que se promueva hacer las cosas nosotros, en plan gratis, cuando se supone que nuestros impuestos sirven para mantener esos puestos.
“Es que se ha gastado mucho, y el dinero no sale de los árboles, al menos, no directamente fabricado” nos explica Rajoy.
Claro que lo sabemos, sobre todo lo sabemos los desgraciados del pueblo, que el dinero que se ha gastado, se ha sacado de nuestros bolsillos. ¿Y no podría pedirse que los bancos dejen su dinero sin comisiones, para arrimar un poco el hombro? Porque ellos son tan ricos como asquerosos.
La propuesta ha calado hondo, hasta tal punto que se ha propuesto encarcelar a aquellos que no quieran hacer algo en plan voluntario por la ciudad de Madrid “Exceptuando a los que somos políticos y nuestros enchufados” explicó ella, con alegría.
Y es que, lo que no se puede cubrir con voluntarios son todas esas plazas usadas actualmente por culos de políticos, “es que los españoles no quieren ser consejeros, concejales o alcaldes, y es un trabajo muy sacrificado por el que hay que cobrar y mucho”.

"Nos van a pagar lo mismo".

La noticia está sentando las bases de propuestas masivas por parte de empresarios, que han decidido despedir a todos sus empleados y empezar a meter voluntarios en sus fábricas, tiendas y demás empresas “aunque tendrán que pagarse un seguro para que los bancos podamos seguir gestionando algo”.
Los sindicatos españoles, como era de esperar, han salido al paso con un sencillo “A nosotros nos la suda, nos van a pagar lo mismo, como si empiezan a violar a los trabajadores en sus lugares de trabajo”.
Lo dije en su momento y lo digo ahora. Amarga ser un joven que intenta entrar en el mercado laboral, como es mi caso, porque estoy viendo perfectamente cómo a los empleados se les quitan posibilidades, rebaja salario y recortan derechos día tras día mientras que los sindicatos, esos que tendrían que defendernos, siguen disfrutando de los sueldos que les dan los que mandan en el país.
¿Qué futuro tenemos los jóvenes que quieren ganarse la vida de manera honrada? ¿Realmente esperan que el mercado se recupere cuando se destruye empleo y el poder adquisitivo cada vez está por los suelos?
Yo sólo quiero decir una cosa más: El genio que está intentando parar la crisis con recetas de Barrio Sésamo…, por favor, matadlo, en serio, que lo despellejen, lo castren y le den un montón de cocotazos, porque como lo dejemos…
Seguiremos informando, salvo que mañana se nos llene la redacción de voluntarios…

jueves, 19 de enero de 2012

Soy gilipollas.

Así lo digo, alto y claro.

Pues sí, soy gilipollas, pero eso no es nada nuevo, me viene desde pequeño, ya de niño era bastante gilipollas por naturaleza. Al crecer cambié muy poco, me limité a crecer a lo alto y sobre todo hacia los lados, adquiriendo mi contorno de tripa actual.
Pero con el paso de los años, uno empieza a darse cuenta de cosas, a descubrir que lo que para mí es normal, para los demás es cosa de idiotas.
Ser bueno con los demás, apoyar a gente que nunca da las gracias siquiera, deprimirme a menudo y no querer que se me anime, actuar como un…, en fin, como un verdadero gilipollas, son las cosas que han marcado mi vida a lo largo de varios años.
Pues nada, esta mañana salí a la calle con carteles, panfletos y un altavoz para gritar al mundo entero que he descubierto mi problema, dispuesto a pronunciar una y otra vez en voz alta lo estúpido que puedo llegar a ser si me lo propongo, y sin proponérmelo.
Porque gente así, hay mucha, pero no tengo ni que esforzarme para ser un gilipollas de campeonato.
Soy gilipollas, por lo que salí de casa deseando que llegara un ojeador de algún partido político y me ofreciese un cargo de estos que dan a gente como yo…, no sé…, asesor económico del preshidente o concejal de cultura.
Pero al salir a la calle y ver a la gente, no pude menos que detenerme en seco. Jóvenes que deben entrar a un mercado laboral en el que se los explotará por un salario de risa, personas preocupadas porque no les quiten sus casas aquellos que lo hacen amparándose en las leyes de la democracia, señores que aceptan un servicio de telefonía o internet de un operador de dudosa fiabilidad porque, seamos realistas, en España todas esas compañías son bastante mentirosas…
Un mundo extraño y aterrador, donde la gente “normal” agacha la cabeza cuando debería alzarla y gritar, chillar y mentar padres sin miramientos.
Un mundo en el que nos gobiernan unos pocos de la forma que quieren, diciendo que no hay dinero y construyéndose estatuas de sí mismos, a tamaño real de su ego, delante de aeropuertos cerrados (no te des por aludido, Fabra, pero va por ti).
Un mundo  en el que se recorta el sueldo a los más desgraciados, pero en el que los banqueros engordan como cerdos comiéndose el dinero que les dan los políticos.
He recogido mis cosas y he vuelto a casa, donde me he dado un buen golpe contra el extractor de la cocina sin querer (lo siento, es que soy gilipollas) y lo he roto del cabezazo.
Y sentado, evitando con ello hacer más gilipolleces, me he alegrado, he sentido el sentimiento patriótico entrándome por cada uno de mis poros.
Soy gilipollas, pero eso es porque soy español.
Seguiremos informando.