Atención, la redacción de Ex – Mundo advierte: Este piriódico no es apto para su lectura durante la conducción de maquinaria pesada, vehículos por autovía, durante la ingestión de alimentos sólidos o en situaciones de peligro extremo. Con este aviso deseamos evitar más muertes, gracias por su atención.
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martes, 23 de agosto de 2011

Carreras de caracoles.

Drogas, alcohol, muerte...

"Murió por un chungo muy malo".

Hay montones de noticias que podrían abarcar nuestras páginas, sin embargo, hoy preferimos hacerlo así, a lo underground, en plan seguidores del misterio, para entrar sin protección alguna a uno de los mundillos más sórdidos, unos de los grupos más peligrosos en los que vivir o morir, sólo es cuestión de suerte.
Ha sido la aparición de un cadáver en una casa solariega lo que ha dado alas a la investigación, y es que Faustino fue encontrado, parcialmente devorado, en avanzado estado de descomposición. Según los forenses, la causa de la muerte fue un chungo “muy malo”, y al quedarse tirado en el suelo, tras dos días, sus mascotas, hambrientas, empezaron a alimentarse de la mano que un día les dio de comer.
“Los caracoles son así”, nos explica un agente de la policía. “Instamos a los ciudadanos a que no tengan caracoles ni se dediquen a carreras ilegales con ellos, pero nada, no hay manera. Desgraciadamente Faustino no es el primero ni será el último”.
Enviamos a un becario a explorar el peligroso mundo de los caracoles, las carreras ilegales y las muertes, los accidentes, el canibalismo…
“En zonas de Andalucía, se comen al caracol perdedor”, nos explica nuestro becario.
Como somos así, tras recibir un informe de ochenta páginas del becario y montones de imágenes, nos dedicamos a hacer avioncitos de papel con ellos y, luego, fuimos nosotros mismos.
“El mundillo de las carreras de caracoles está controlado por mafias, durante las carreras la gente bebe alcohol, consume drogas, compra ositos de peluche y apuesta”.

"Toda la semana con yogurt natural".

El funcionamiento de las carreras es sencillo, los caracoles se colocan a un lado de la pista, a lo largo de ella los que apuestan, gritando con el brazo en alto. Cada carrera dura una media de cinco horas, durante las cuales los ansiosos participantes gritan enardecidos y los criadores de los caracoles, animan a sus criaturas.
“Un caracol de carreras puede costar entre tres y cinco millones de euros, si los compra el gobierno, el doble, se sabe que inflan el precio de todo”.
Se está luchando por conseguir el final de estas cruentas competiciones, los defensores de los derechos de los caracoles insisten en que los caracoles, también son personas. “Yo es que en mi casa me aburro, lo mismo hoy me voy a defender los derechos de los caracoles, mañana a unirme a una secta… lo que me pille cerca del barrio”.
Las autoridades advierten de que, esta peligrosa moda de criar y participar en carreras de caracoles pone en grave riesgo a la población civil. “Un caracol medio es capaz de desplazarse a una velocidad baja, pero están protegidos por una resistente coraza, nos incansables y un ejemplar adulto puede ingerir hasta cuarenta kilos de carne si no ha desayunado”.
En algunas zonas rurales, se está poniendo de moda también los combates a muerte entre caracoles, “ahora que cualquiera cría caracoles, al descubrir que no son bestias para carreras, han empezado a organizar peleas de caracoles, sangrientas y terribles, normalmente a muerte”.
“Para que tengan ganas de matar, los alimentamos durante toda la semana con yogurt natural, eso los pone de mala leche”.
Por el bien de la salud pública, esperamos que las cosas vuelvan a su cauce. 
Seguiremos informando.

jueves, 3 de febrero de 2011

Las plagas que trae el frío.


“Yo empecé a escuchar ruidos raros por la noche, pensaba que eran ratones”.

Rodrigo Díaz era uno de esos españoles, aficionado a dormir ocho horas, vivir ocho horas y, a falta de empleo, sentarse en un banco delante de la oficina del INEM durante ocho horas. Hombre de familia, con esposa y tres hijos, que se ha encontrado en su hogar con una terrible y ruidosa invasión.
“Yo empecé a escuchar ruidos por la noche, ya sabes, los escuchaba corretear por ahí. Recorriendo la cocina, subiéndose por las repisas y jugando al superpoly sobre la mesilla del salón. Yo pensaba que eran ratones, la verdad”. Estas son las palabras de Rodrigo, quien se recobra ahora del susto en casa de unos familiares.
Durante varias semanas, este albañil en paro perdió el sueño por los extraños sonidos que inundaba su hogar.
“Yo estaba ya harta, cada día encontraba pisadas en la mesa, en el sofá. Revolvían las estanterías y defecaban en los rincones, además, por las mañanas encontrábamos por el suelo restos del periódico. Creíamos que se trataba de ratones o cucarachas”. Nos contaba la afectada esposa de Rodrigo.

“Yo no lo podía entender, me quedé con el culo torcido al verlo, y todavía me dura la torcedura”.

Una mañana, el hijo pequeño de la familia, entró a la habitación y despertó a su padre al grito de “Papi, creo que alguien ha entrado en casa”. Como buen español, Rodrigo bajó en calzoncillos la escalera hacia la planta baja, descubriendo una sombra que corría hacia la cocina. Armado con un ejemplar de “El vuelo del dragón negro” y mucho valor, entró en la cocina. “No estoy seguro del motivo, pero cuando vi que no había nadie, me dio por rebuscar. Entonces fue cuando lo pude ver todo. Yo no lo podía entender, y es que me quedé con el culo torcido al verlo, de hecho, todavía me dura la torcedura y el médico me ha mandado reposo”.
Lo que sucedió fue que, al abrir la nevera, se encontró con varios banqueros que intentaban esconderse entre los yogures caducados y la mortadela pasada.

 
Animales gregarios, acostumbrados a la vida en sociedades de más de un individuos, los banqueros respetan a un único macho alfa (director), que es el único que puede aparearse con las hembras, además disponen en su morfología de un apéndice, similar a un pene, que usan para intimidar a otros machos.
A la izquierda, uno de los banqueros, intentando esconderse en la nevera. Abajo, sin tener nada que ver, un caracol.





 Según el informe policial, los banqueros se habían fabricado su nido dentro de la nevera familiar, que debido a la situación de paro, llevaba varios meses en desuso al no haber alimentos que llevarse a la boca. Montones de familias españolas que disponen de nevera que no utilizan, podrían ser anfitriones de montones de banqueros.
De un modo u otro, a pesar de que la familia contrató a un exterminador, la policía impidió el uso de métodos para acabar con la plaga. “Nos hicieron retirar las trampas que pusimos, porque decían que los banqueros merecían un trato humano, y era injusto matarlos con ratoneras”, aclara la esposa con los ojos inundados de lágrimas.
Con trato humano o sin él, los banqueros han logrado arrebatar la mayor parte de la casa a sus dueños, que se han marchado ante el terror que les provoca la plaga. Las autoridades alegan que no pueden hacer nada, porque no pueden ir en contra de los derechos de los invasores.
Desde la redacción, confiamos en que comprueben periódicamente sus neveras.